“Ya no me escondo en el clóset”

Foto: David Campuzano - EL ESPECTADOR
Blanca Inés Durán tiene 36 años y hace diez empezó a incursionar en la política.
La primera mujer a la que besó Blanca Inés Durán —a los 26 años— se convertiría también en su novia, y un año más tarde en la causante de todos sus dolores de corazón. Durán fue quien tomó la iniciativa, quien se lanzó a dar el primer beso, quien después de diez minutos rompió el silencio y preguntó: ¿quieres hablar? Su amiga, la mujer tierna, alta, de cabello negro y piel blanca, muy blanca, siguió muda unos segundos. Luego dijo que no, que lo dejaran para después.
La conversación fue al día siguiente. “Dejamos claro que queríamos estar juntas, pero nos dijimos ‘nos gustamos y punto, pero no somos lesbianas’. Ella reaccionó muy bien cuando le di el beso, eso fue fundamental para ayudarme a salir del clóset”, cuenta Durán desde su nuevo despacho en la Alcaldía de Chapinero, mientras masajea con la mano derecha una pelota relajante, para dejar atrás el cansancio, el estrés y el acelere de los tres primeros días como alcaldesa local.
Fue un año de amor furtivo, de negaciones, de novios fachada para salir juntas; después vino el desamor, el despecho, “la sensación de no encontrar a alguien más, de pensar ‘soy la única en esta condición’ ”. Su refugio fue la internet. Conoció gente, comenzó a visitar bares gay. En uno de esos sitios, casi siempre anónimos, se reencontró con un amigo: Édgar Robles, activista de la comunidad LGBT (Asociación de la diversidad sexual: lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) y el primer scout declarado gay públicamente. Ella le hizo “la pregunta estúpida que siempre hace uno cuando se encuentra a alguien en un bar gay: ‘¿usted qué hace aquí?’ ”. “Lo mismo que usted”, dijo Édgar. Con él siguió recorriendo los bares de Chapinero. Con él, también, comenzó a asistir a las reuniones de la comunidad LGBT, se convirtió en activista y asistió a la fundación del partido Polo Democrático Independiente, representando a esta comunidad.
Para ese tiempo su mamá —la señora Silvia Hernández, una cristiana devota—, ya la había enfrentado, ya le había preguntado: “¿sumercé, por qué no sale con hombres, por qué no tiene novio?”, y la hija ya le había respondido: “Mamita, sumercé sabe lo que pasa”. Entonces Blanca Inés decidió irse de la casa para vivir sola, en Chapinero, en un apartamento pequeñito. Y también decidió salir del clóset totalmente, “si mi mamá sabía, el resto de la gente no me importaba”.
Blanca Inés Durán salió de la casa, visitó bares, convivió cinco años con una mujer y después soportó un divorcio doloroso. “Ella era mi familia. Habíamos formado un hogar, nos habíamos proyectado a largo plazo”, dice la alcaldesa todavía desde su despacho, todavía con la pelota relajante en la mano derecha, y en la mano izquierda una manilla con la bandera de ocho franjas (rosa, roja, naranja, amarilla, verde, turquesa, azul y violeta) que representa a la población gay.
Al mismo tiempo continuaba en la política, en la comunidad LGBT, en el Polo Democrático. En enero de este año la llamaron a pedirle que participara en el proceso de selección del alcalde local de Chapinero. Le advirtieron que había unos cuantos candidatos conservadores, cristianos y homofóbicos que querían sacar a la comunidad gay del sector. Entonces ella aceptó. El 14 de abril le notificaron que era la nueva alcaldesa.
Noticia publicada el el periodico El Espectador.
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